La Casa Colón I: sus comienzos

Hotel Colón 01

La fiebre minera de la segunda mitad del siglo XIX supuso para Huelva capital y provincia una gran afluencia de empleados, directivos, técnicos y trabajadores de las compañías mineras; tanto que entre 1860 y 1890 Huelva aumentó enormemente su población. Pero la ciudad no contaba con infraestructuras de viviendas y plazas hoteleras para satisfacer tal demanda.

En 1864 llegan a Huelva Guillermo Sudheim y Enrique Doetsch, jóvenes alemanes representantes de casas de comercio extranjeras, los cuales fundaron la firma Sudheim y Doetsch. Sus primeros negocios en la provincia provocan la salida a pública subasta de las minas de Riotinto, que fueron adjudicadas al único postor: Enrique Doetsch. Fue éste el germen de la futura Riotinto Company.

Las mejores construcciones de la época fueron promovidas por la Compañía de Riotinto: Hotel Colón, embarcadero de mineral, Barrio de la Reina Victoria, Hospital de la Compañía (hoy desaparecido bajo el Centro Comercial El Corte Ingés)… Cambiaron la fisonomía urbana de la ciudad, y aunque símbolos del colonialismo, eran de gran categoría frente al resto de las edificaciones autóctonas. Como lo hicieron sin idea global de ciudad pues la trama urbana presentó enormes discontinuidades.

Sudheim, a través de sus múltiples actividades como cónsul de Alemania, periodista, banquero, industrial, armador, minero, etc., fue el motor del desarrollo onubense de finales del siglo XIX.

A partir de 1873 comenzaron a llegar a Huelva numerosos directivos, accionistas y técnicos de la Compañía, los cuales se encontraban en una ciudad que carecía de los adecuados establecimientos de residencia. Para dar respuesta a estas necesidades se decidió crear el Hotel Colón (iniciativa de Sudheim). Previamente a la construcción de éste, era necesario dotar a Huelva de comunicaciones rápidas y cómodas. La firma Sudheim y Doetsch traspasa las obras del ferrocarril Sevilla – Huelva a la Compañía de Madrid a Zaragoza y Alicante, la cual inauguró la línea el 15 de marzo de 1880. Paralelamente, desde el año 1876, Sudheim venía trabajando en la idea del ferrocarril de Zafra a Huelva, inaugurándose la línea el 1 de marzo de 1889.

Sudheim ve la posibilidad de aprovechar la celebración del IV Centenario de la primera salida de Cristóbal Colón a América como motivo publicitario para la naciente industria onubense, así como obtener recursos que ayudaran a financiar la costosa obra del hotel, y para impulsarlo crea en 1880 la Sociedad Colombina Onubense. Con el compromiso de Antonio Cánovas del Castillo, a la sazón presidente del gobierno, de celebrar en Huelva loa actos oficiales del IV Centenario si se disponía del local adecuado para ello, y teniendo finalizado el ferrocarril a Sevilla y asegurada la construcción del de Extremadura, se tomó en el año 1881 la decisión de construir el Gran Hotel Colón.

Así que, en agosto de 1881 Sudheim encarga presupuesto y planos al arquitecto José Pérez de Santamaría, el cual concluye su trabajo en octubre. Se envían porteriormente los documentos a Londres donde se someten al dictamen de “una junta de personas facultativas”. Obtenido el visto bueno, en diciembre de 1881 se comienzan las obras en solares propiedad de Guillermo Sudheim, que se prolongaron hasta 1883. El martes 26 de junio de aquel año, a las 8 de la tarde, tuvo lugar el banquete de 200 cubiertos que inauguraba el Gran Hotel Colón de Huelva. La apertura al público se realizó el 1 de julio de ese mismo año bajo la dirección del Sr. Adriow.

El Hotel Colón se construyó sobre una parcela de casi 20.000 m2 que se segregaba de los terrenos que rodeaban la vivienda de Guillermo Sudheim, la cual se hallaba donde se encuantra hoy en colegio SAFA Funcadia. El lugar era muy espacioso pues, aunque limitado por detrás por cerros poblados de viñas y frutales, no tenía al frente más obstáculo que la estación de Riotinto, lo cual no impedía divisar el Estero de las Metas, la Ría de Huelva y los cerros donde se levantaban el Monasterio de La Rábida y Palos de la Frontera. A continuación del Hotel se extendía la carretera de San Cristóbal, hoy Alameda Sudheim, que era el principal paseo de la ciudad sin más edificaciones que la casa de la familia Sudheim.

Así que lo que se construye es un conjunto de cuatro grandes edificios paralelos dos a dos, dejando en el centro un cuadrado de 60 metros de lado destinado a jardín. El edificio principal, que cierra el conjunto por el sur, se situaba a 30 metros de la carretera dejando un vasto parterre para acceso de coches y carruajes. Al fondo de la parcela se formaba un jardín y un bosquecillo. El resto del espacio se destinó a paseos.

El edificio norte, que ya hoy no existe, era el mayor de todos y estaba destinado a los servicios comunes. Muy elevado sobre la rasante, se accedía a él mediante una escalinata de 20 m. de anchura coronada por dos estatuillas que portaban luces eléctricas. A continuación de la escalera, una terraza daba acceso a una marquesina de hierro y cristal que a lo largo de 50 metros recorría todo el edificio, destinándose a gabinete de lectura y café. Esta marquesina era la antesala del gran salón de 50 m. de largo por 14 de ancho y 8 de altura, profusamente decorado e iluminado. Un tabique móvil de madera y vidrio separaba la zona anexa destinada a restaurante público, con acceso directo desde la calle. Adosada al gran salón se situaba una crujía de dos plantas de altura que albergaba en la baja las cocinas y en la alta las habitaciones de la servidumbre femenina, cuarto de costura, ropa sucia, planchado, etc. Bajo las cocinas y parte del salón, se situaban almacenes, cuartos para la servidumbre masculina, conservas, bodegas y depósito de hielo. Aunque fue el edificio que más modificaciones sufrió, motivadas por la realización de aseos en las marquesinas y la separación de las cocinas del conjunto del edificio para hacer posible la ubicación de una tribuna para la orquesta y personalidades. Los techos y paredes fueron decorados por Matarredonda y Cuesta con motivos alusivos al Descubrimiento de América. El restaurante público disponía de una chimenea belga de barro vidriado negro, y tras el restaurante estaban las salas de billar, aseos, comedores de servidumbre.

Al fondo de la parcela, junto a la caseta de bombeo, se situaron las caballerizas y cocheras para los carruajes.

El hotel tenía unas instalaciones relativamente complejas. A la puerta de la verja se situaba la central telefónica. La iluminación del Gran Salón y el jardín se llevaba a cabo mediante luz eléctrica. Las dependencias generales con gas y las habitaciones con bujías. Se disponía de una completa red de agua dulce y salada. El agua dulce provenía de un manantial propiedad de Sudheim, y la salada se canalizaba desde las marismas a través de tuberías de 700 m. de longitud y se utilizaba para tomar baños. El jardín tuvo numerosas fuentes y hasta 39 bocas de riego e incendio. Se ejecutó bajo la dirección de un jardinero alemán de la Escuela Real de Agricultura de Gaisenheim, y se adecuaron para la práctica del criquet y bolos. El jardín central se iluminaba con luz eléctrica mediante cuatro columnas y las dos estatuas. El suntuoso salón se iluminaba con cerca de 200 luces de gas distribuidas entre 3 grandes lámparas centrales y una serie de candelabros colocados sobre las paredes. Todos ellos estaban labrados en bronce crause de Maguncia.

De los 3 edificios destinados a residencia, la capacidad del sotabanco del edificio principal fue de 18 habitaciones con sus correspondiente sala de aseos comunitaria. Los edificios laterales tuvieron 20 habitaciones por planta, así el departamento de familias fue de 15 y el de habitaciones de 80.

El gran salón fue el centro de la vida social de la ciudad, pues en él se celebraban todos los grandes banquetes, recepciones e incluso las sesiones de la Real Sociedad Colombina Onubense.

El IV Centenario del Descubrimiento de América se celebró en Huelva por mediación de Sudheim ante el presidente del gobierno. Aceptado el ofrecimiento por Cánovas del Castillo, el hotel necesitó de algunas modificaciones más, para tener una mayor capacidad de alojamiento y a mejorar los espacios de reunión y jardines. El bosquecillo situado al fondo de la parcela se sustituyó por una serie de paseos ajardinados, levantándose en el centro un velador de orquesta al aire libre. En el edificio principal incluso se podían alquilar habitaciones sueltas que albergaban de 1 a 3 camas. Incluso se habilitó una sala en la que se contrataban camas sueltas. El gran salón también se amplía a costa del restaurante público, lográndose una capacidad para 1000 personas.

Los actos conmemorativos se celebraron entre el 3 de agosto y el 12 de octubre de 1892. Durante todo ese periodo se celebran fiestas, bailes, conciertos, etc. Las personalidades que en esos actos llega a albergar son: Antonio Cánovas del Castillo, el Ministro de Marina, los representantes de las Repúblicas Americanas, jefes y oficiales de la Armada, eruditos del Congreso de Americanistas, senadores, congresistas, periodistas, etc. El 2 de agosto se celebró la velada literaria que anualmente convocaba la Sociedad Colombina Onubense, a la cual asistió Gaspar Núñez de Arce. El baile celebrado a continuación abrió oficialmente los actos conmemorativos.

La clausura de los actos la realiza la Reina Regente María Cristina la noche del 11 de octubre de 1892, al cerrar el Congreso de Americanistas, al cual asistieron más de 2000 especialistas. Por el brillante éxito obtenido en los festejos y para premiar la actividad de Sudheim al frente de la comisión organizadora, El Ayuntamiento de Huelva acuerda acondicionar como paseo público y dedicarle su nombre a la calle que discurría delante del Hotel (la actual Alameda Sudheim).

Hotel Colón 02

Texto: Belén María Santos Sánchez. Todos los derechos reservados. Artículo completo y fuentes de información sólo para socios.

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