Olhão, la ciudad de la Restauración y las leyendas

La hermosa ciudad de Olhão es el resultado de la perseverancia y espíritu independiente de sus gentes marineras. Contra la voluntad de las autoridades de Faro, se empeñaron en convertirla en uno de los mayores puertos pesqueros y conserveros del Algarve. La Ría Formosa se adapta a la perfección a esta actividad: es un sistema de islas barrera que comunica con el océano a través de seis ensenadas, 5 de ellas naturales y con características móviles. La sexta es una ensenada artificial para permitir un acceso más fácil al puerto de Faro. Es a su vez un parque natural en el que paran cientos de aves en los periodos de migración en primavera y en otoño, pero con aprovechamiento humano, esencial para la economía de la región y de una enorme importancia estratégica.

La antigua Villa de Marim parece ser el origen de Olhão, y el topónimo se puede deber a la existencia de un potente manantial de agua dulce (“olho de água”: ojo de agua o naciente). Parece ser que dicha antigua Villa de Marim se convertirá, a partir del s. XIII, en un próspero emplazamiento agrícola gracias a la abundancia de agua de sus manantiales. Terminada la Reconquista, se produce un incremento de la población. Para proteger la única entrada a la Ría Formosa de los ataques de piratas, el rey D. Dinis manda construir la Torre de Marim en la Barra Velha.

La abundancia de agua da pie a la leyenda de La Mora de Marim, que cuenta la historia de la bella hija de un moro rico, pretendida por todos los muchachos de la zona. Uno en especial, ponía gran empeño en seducirla, ya que ni una sola noche faltaba de acudir a su ventana para cantarle su amor. Al padre de la joven le desagradaban todos los hombres que se acercaban a ella, pero especialmente aquél que con tanta obstinación la cortejaba. Y más cuando veía que ella respondía, ilusionada, a sus encantos. Viendo que nada les hacía desistir, concibe un plan: Marim era árido y estéril debido a la falta de agua, así que decide someter al muchacho a una prueba imposible de superar: llevar a los pies de su castillo, en una noche, toda el agua del naciente de la “Fonte do Canal”. Escucha el padre de madrugada una cascada precipitarse cerca del castillo, inundando sus terrenos. Disgustado por tener que cumplir con su promesa, precipita a su hija, en brazos de su amado, al abismo. Desde entonces, se les puede ver a medianoche pasear por la Quinta, abrazados, cantando su tonada favorita. No es que estén encantados, sino que Alá no podía consentir que dos almas enamoradas desapareciesen de la faz de la tierra. Así cuenta una de esas leyendas que forman parte del imaginario popular, cómo llegó el agua a Olhao.

Desde el s. XVI hasta 1840, permanece instalada la almadraba que reunirá a una población flotante de pescadores de Faro. En los meses de marzo, abril y mayo se alojaban en chozas de madera de cañas y paja, en la rivera, donde hoy en día está la zona antigua de la ciudad. Desde entonces, el incremento de la población será constante y justificará la construcción en los s. XVII y XVIII de la fortaleza de San Lorenzo, la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, y en 1715 la casa del marinero João Pereira, primeros edificios sólidos autorizados por el poder político de Faro, que nunca vio con buenos ojos ese desplazamiento paulatino de pescadores hacia Olhão.

El Marqués de Pombal, durante una actualización del censo, se da cuenta de que Olhão es una ciudad que crece gracias al esfuerzo y la constancia de sus pescadores y marineros, sin la aportación de los nobles ni de los ricos burgueses. Esforzados hombres de mar a los que se les niega tanto la autonomía administrativa como el derecho a construir simples viviendas. Finalmente, y con la enconada oposición de Faro, el rey José I autoriza la separación de la “Cofradia do Corpo Santo de Faro” y la creación, a su costa, de su propia cofradía, el Compromiso Marítimo, que se erige en 1771.

Llegará después la guerra contra Napoleón, en la que Olhão tendrá un papel decisivo, ya que fue la resistencia que opusieron sus habitantes a la ocupación la que provocó la respuesta masiva de los portugueses, llegando así a la liberación del país del yugo francés. Su valentía les empujó a cruzar el Atlántico a bordo del “Bon Sucesso” y en condiciones muy precarias para comunicar al rey Juan VI que podía regresar de Brasil, donde la corte se había exiliado durante el conflicto. Este hecho fue determinante para la definitiva independencia administrativa de Olhão, concediéndole el rey ciertos privilegios y declarándola como “Vila da Restauração”.

A partir de entonces, la ciudad no para de prosperar: creación del que será el mayor puesto aduanero del Algarve, creación de la Capitanía del Puerto, de un Tribunal Judicial… Además, se amplía el espectro comercial a territorios lejanos como Rusia, Oran, Cerdeña… Este despliegue de actividad llevará a muchos olharenses hacia Marruecos.

La influencia morisca de la arquitectura local se hará patente a lo largo del s. XIX, debido al tipo de construcciones en forma cúbica, de paredes encaladas y coronadas de amplias terrazas donde secar el pescado, por lo que se la denominó “vila cubista”. Hecho curioso, puesto que nunca se han encontrado vestigios de asentamientos árabes durante el periodo islámico.

La primera fábrica de conservas nació en 1881, y unos veinte años después Olhão ya tenía más de 80. Aunque las crisis sucesivas reducen el número de industrias conserveras, hoy en día siguen siendo esenciales para la economía de la ciudad.

Los visitantes disfrutan de una atractiva ciudad, con sus callejuelas y sus hermosos mercados inaugurados en 1916, y por supuesto, el entorno natural donde ir a disfrutar de la playa en las Islas de Armona, Fuzeta, Farol, etc. Además del uso turístico, la actividad del puerto y las granjas de mariscos como la almeja fina son recursos económicos a destacar. Una ciudad para descubrir y para saborear, perdiéndose en su historia, en su peculiar arquitectura y en sus múltiples leyendas.

Olhao - Vero 02

Olhao - Vero 01

Verónica Manaut Martínez. Artículo completo sólo para socios.

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