La Villa de Huelva en torno a finales del s. XV

Son escasas las noticias sobre la estructura física de Huelva a fines de la Edad Media. No obstante, podemos intuir algo por descripciones posteriores que recogen lo esencial de sus rasgos urbanísticos.

SanPedroHLV

El Ldo. Juan Agustín de Mora y Garrocho pone en duda que la obra sea de cartagineses, romanos, godos o moros, sino que “por la semejanza de Fabrica, que he visto en otros, fué edificado despues de la Conquista por alguno de los señoríos, á quien tocó esta Villa”. Amador de los Ríos precisa más y dice que “arruinada por el transcurso de los tiempos la primitiva fortificación, acaso labrada de hormigon, los condes de Medinaceli, herederos de don Juan de la Cerda, debieron de reconstruida desde sus cimientos ya en el último tercio del siglo XIV o principios del siguiente”.

Tomando el castillo como referencia, en el Cabezo de San Pedro, al sur se encontraba la parroquia de San Pedro, única hasta el siglo XVI. Al oeste salía un tajo que conocido como la Cuesta. Al final de la Cuesta se extendía la Vega, donde después se construyó un barrio, pero que por entonces estaba dedicada a actividades agrícolas. Desde lo alto de la Cuesta y mirando hacia el norte nos encontramos las Salinas, los molinos, el camino de la Cinta y el de Gibraleón.

Volviendo a la plaza de San Pedro, hacia el este, dice J.A. de Mora: “La altura de este Cabezo se vá disminuyendo por su Levante con la calle de la Fuente que arranca de la Plaza de San Pedro, y se llama assi, por vna, que sobre la derecha tiene á su entrada, oy seca; pero pocos años há proveída de abundantes aguas que se derivaban en cañadas de los Cerros de Conquero, donde aun se registran las ruinas de sus Minas”.

La calle de la Fuente y la Cuesta servían de comunicación de la parte alta con la parte baja, que por entonces empezaba a construirse y poblarse. En efecto, en 1515 comenzó a erigirse una segunda iglesia, de la que dice de Mora: “Como el vecindario de Huelva se iba agrandando, y extendiendo por lo baxo de la Poblacion antigua, se penso en erigir segunda Parroquia, para el abasto espiritual de aquella Feligresía tan distante de la Parroquia de San Pedro”. Sería ésta pues, la iglesia de la Concepción. Siguiendo al sur llegamos al verdadero centro neurálgico de la actividad económica de la villa. Pegada al puerto se encontraba la Calzada, hoy calle Marina, donde se realizaban las transacciones comerciales.

En general, el nomenclátor callejero era bastante simple, y en él predominaban las calles con nombres de circunstancias de tipo físico o geográfico (Cuesta, Vega, Puerto, Peral), por alguna construcción (Fuente), santos (San Sebastián), oficios (Ollero, Carnicería).

Los edificios de interés eran escasos. De carácter civil, únicamente el castillo. En cuanto a las construcciones religiosas: la parroquia de San Pedro, de la cual las noticias más antiguas son de mediados del siglo XIV; y la parroquia de la Concepción, que se empieza a edificar en 1515, en las casas cedidas a tal efecto por Cristóbal Dorantes. Respecto a las fundaciones religiosas, habría que esperar hasta principios del siglo XVI para contar con la primera, la de las Religiosas Agustinas Calzadas, cuyo convento de Santa María de Gracia estaba en la calle de las Monjas, en la parte más nueva de la ciudad. Objeto de especial devoción popular eran las ermitas o santuarios, levantados generalmente a las afueras bajo la advocación de santos tutelares de enfermedades o de patronos del lugar. La ermita de San Sebastián, protector contra la peste, se encontraba a la entrada a la villa por el este. Entre levante y norte, a la salida del camino a Gibraleón, la de la Cinta.

A pesar de los interesantísimos relatos de los que disponemos, aún hay mucho que hacer para terminar de dibujar la Huelva de finales del medievo, y para ello los estudios arqueológicos son clave. Cuidar el patrimonio material, visible o aún sin descubrir, es labor de todos y todas. No permitamos que destruyan nuestra historia, pues de alguna manera algo dentro de nosotros también se rompe.

Bibliografía y fuentes

  • García-Arreciado Batanero, A.: La villa de Huelva en tiempos de los Reyes Católicos. Huelva: Alfar, 1992.
  • Jacobo del Barco y Gasca, A.: Dissertacion historico-geographica, sobre reducir la antigua Onuba a la villa de Huelva. Joseph Padrino, 1755. De esta edición, fasc. Huelva: Diputación de Huelva, 1999.
  • Jacobo del Barco y Gasca, A.: Sobre el terremoto de primero de noviembre de 1755.
  • Joachim Ibarra, 1956. De esta edición, Huelva: Universidad de Huelva, 1996.
  • De Mora Negro y Garrocho, J.A.: Huelva ilustrada: breve historia de la Antigua, y Noble Villa de Huelva. Sevilla: 1762.

Elena Caetano. Artículo completo sólo para socios.

 

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