Una catástrofe que no se olvida

     El Día de Todos los Santos de 1755 sufrimos una gran desgracia: un terremoto de unos 8 ó 9 grados de intensidad (escala Ritcher) que sucedió sobre las 09:30 h. y que duró entre 3 y 6 minutos aproximadamente. El epicentro se situó en el Océano Atlántico, a unos 100 kilómetros de Lisboa, en la falla geológica de las Azores-Gibraltar. El seísmo fue seguido por un maremoto que se produjo 40 minutos después. Y donde no llegó el agua, surgieron las llamas; Lisboa ardió durante 5 días. El 85% de los edificios de la ciudad fueron destruidos, y 90.000 personas murieron.

     Reinaba José I. Su Primer Ministro, el Marqués de Pombal, se encargó de organizar la catástrofe en Lisboa: cuidar a los vivos, enterrar a los muertos, dejar la ciudad libre de escombros, y reconstruida. Envió a todas las parroquias del país una encuesta sobre el terremoto y sus efectos: tiempo de duración, réplicas, daños… Las respuestas obtenidas se encuentran actualmente archivadas en el Archivo Histórico Nacional de Lisboa. Estudiando y comparando los informes, los científicos modernos pudieron reconstruir el acontecimiento desde una perspectiva científica. Por ello se considera al Marqués de Pombal el precursor de la sismología occidental moderna.

     En España, muchas ciudades perdieron parte de su arquitectura, y se recogieron 5.300 víctimas. Fernando VI ordenó al Consejo de Castilla la preparación de un informe sobre el terremoto. Al igual que en Portugal, también se envióó un cuestionario a los pueblos, información almacenada en el Archivo Nacional de Madrid. Así fue el primer terremoto cuyos efectos fueron estudiados científicamente.

     Andalucía se vio muy afectada. En Huelva, gran parte de la población estaba en la Parroquia de san Pedro celebrando los Oficios de Todos los Santos. Pasadas varias oleadas de temblores, aquellos onubenses salieron de la Iglesia para encontrarse con casas totalmente derruidas y muchas personas muertas por desprendimientos y avalanchas. La ciudad era un caos, y lo peor estaba por llegar: un tsunami que asoló lo poco que quedaba en pie. Olas cercanas a los 12 metros llegaron a la costa onubense. En la ciudad se enterraron a 66 ahogados, aunque la cifra de desaparecidos llegaría a las 2.000 personas.

     También produjo cambios en la geografía costera onubense. El mar se introdujo en zonas en las que nunca se hubiera pensado que pudiera estar. El río Tinto vio alterado su cauce. El Odiel y sus esteros se desbordaron inundando zonas cercanas. En Ayamonte se cerró el canal del Guadiana por el que accedían los barcos desde el mar abierto. La desembocadura del río Piedras también se modificó. Es muy probable que Isla Cristina dejara de ser una isla al cerrarse los esteros que se abrían a levante.

     Durante los siguientes días se produjeron réplicas de menor importancia, que mantuvieron vivo el temor de los onubenses durante meses.

     El terremoto de Lisboa de 1 de Noviembre de 1755 fue un acontecimiento decisivo en la Historia de Europa, el más destructivo que ha azotado la Península Ibérica hasta la fecha, y con el que la gente empezó a cuestionar las causas y naturaleza de este tipo de desastres.

Lisboa1755

María Méndez Catalán.

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